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lunes, 27 de agosto de 2012

Poema

Un saludo de su amigo Sören Garza, desde México.

 

La Noche de insomnio y el alba

Gertrudis Gómez de Avellaneda (cubana)

 

 

 

 

 

Disílabos.                   Noche

triste

viste

ya,

aire,

suelo,

cielo,

mar.

 

Trisílabos.                  Mirando

del mundo

profundo

solaz,

esparcen

los sueños

beleños

de paz.

 

Cuatrisílabos.            Y se gozan

en letargo

tras el largo

padecer,

los heridos

corazones

con visiones

de placer.

 

Pentasílabos.            Mas siempre veían

mis tristes ojos;

ciñen abrojos

mi mustia sien;

sin que las treguas

del pensamiento

a este tormento

descanso den.

 

Hexasílabos.              El mudo reposo

fatiga mi mente;

la atmósfera, ardiente,

me abraza doquier;

y en torno circundan

con rápido giro,

fantasmas que miro

brotar y crecer.

 

Heptasílabo.              Dame aire! Necesito

de espacio inmensurable,

do del insomnio al grito

se alce el silencio y hable;

lanzadme presto fuera

de angostos aposentos...

iQuiero medir la esfera!

¡Quiero aspirar los vientos!

 

Octosílabos.              Por fin dejé el tenebroso

recinto de mis paredes,

por fin ¡oh, espíritu, puedes

por el espacio volar.

Mas ¡ay!, que la noche oscura

cual un sarcófago inmenso,

encubre con manto denso,

calles, campos, cielo, mar.

 

Eneasílabos.              Ni un eco se escucha, ni un ave

respira turbada la calma;

silencio tan hondo, tan grave,

suspende el aliento del alma.

El mundo de nuevo sumido

parece en la nada medrosa:

parece que el tiempo rendido

plegando sus alas reposa.

 

Decasílabo.                ¡Mas qué siento!... Balsámico ambiente

que derrama de pronto… El capuz

de la noche rasgando, en Oriente

se abre paso triunfante la luz.

Es el alba; se alejan las sombras

y con nubes de azul y arrebol,

se matizan etéreas alfombras

donde el torno se asienta del sol.

 

Endecasílabos.         Ya rompe los vapores matutinos

la parda cresta del vecino monte:

ya ensaya el ave sus melifluos trinos

ya se despeja inmenso el horizonte.

Tras luenga noche de vigilia ardiente,

es más bella la luz, más pura el aura.

¡Cómo este libre y perfumado ambiente

ensancha el pecho, el corazón restaura!

 

Dodecasílabos.         Cual virgen que el beso de amor lisonjero

recibe agitada con dulce rubor,

del rey de los astros al rayo primero

Natura palpita bañada de albor.

Y así cual guerrero que oyó enardecido

de bélica trompa la mágica voz,

él lanza impetuoso, de fuego vestido,

al campo del Éter su carro veloz.

 

Tredecasílabos.        Yo palpito, tu gloria mirando sublime,

¡noble autor de los vivos y varios colores!

¡Te saludo si puro matizas las flores!

¡Te saludo si esmaltas fulgente la mar!

En incendio la esfera zafírea que surcas

  ya convierte tu lumbre radiante y fecunda,

se suspende mirando tu marcha triunfal.

 

Tetradecasílabos.   ¡Ay de la ardiente zona do tienes almo asiento,

tus rayos a mi cuna lanzaste abrasador...

Por eso en ígneas alas remonto el pensamiento,

y arde mi pecho en llamas de inextinguible amor.

Mas quiero que tu lumbre mis ansias ilumine,

mis lágrimas reflejen destellos de tu luz,

y sólo cuando yerta la muerte se avecine

la noche tienda triste su fúnebre capuz.

 

Pentadecasílabos.   ¡Qué horrible me fuera, brillando tu fuego fecundo,

cerrar estos ojos que nunca se cansan de verte,

en tanto que ardiente brotase la vida en el mundo

cuajada sintiendo la sangre por hielo de muerte!

Unido mi ronco gemido postrero sonase;

que al plácido soplo que al suelo cansado restaura

el último aliento del pecho doliente apagase!

 

Hexadecasíabos.      ¡Guarde, guarde la noche callada sus sombras de duelo,

                                      hasta el triste momento del sueño que nunca termina;

y aunque hiera mis ojos cansados por largo desvelo.

dale ¡oh, Sol!, a mi frente ya mustia, tu llama divina!

Y encendida mi mente inspirada, con férvido acento,

al compás de la lira sonora, tus dignos loores

lanzará fatigando las alas del rápido viento,

y doquiera que lleguen triunfantes tus sacros fulgores.

 

 

 

 

 

 

                                                                                            Gertrudis Gómez Avellaneda

                                                                                               (peta cubana, 1814-1873)



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