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jueves, 20 de agosto de 2015

Red Flor de Lis / Aprender a Canalizar




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Aprender a Canalizar
 

¿Deseas comunicarte con tu guía de manera consciente?
Permite que tu guía te muestre el camino para que puedas recuperar la alegría en tu vida re-conectándote con tu misión de vida
Curso Aprender a Canalizar
Lima: 29 y 30 de agosto
Inscripciones: peru@aprenderacanalizar.com para recibir el dossier
Facilitado por Karina Sandoval

PROGRAMA

* Qué es un guía espiritual.
* Qué es canalizar.
* Herramientas para canalizar: cristales de cuarzo, elixires, música, esencias.
* Modos de canalizar: escritura automática, grabación de voz, meditación.
* Cómo canalizar:
* El entorno apropiado.
* La relajación.
* Desmitificar.
* La voz interior
* El poder de la confianza.
* Asimilar las respuestas
* Canalizar para uno mismo
* Canalizar para otros
* Canalización en directo para los participantes
* La importancia de abrazar nuestra sombra
* Merkabah: Explicación y activación

DURANTE LAS SESIONES SE REALIZARÁN PRÁCTICAS
DE RELAJACIÓN, VISUALIZACIÓN, CONTACTO CON EL PROPIO GUÍA ESPIRITUAL Y CANALIZACIONES

Karina Sandoval
Canalizadora, Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Máster en Gestión Cultural

CUANDO Y DONDE
29 y 30 de agosto de 2015

Sábado 29 de 12:30pm a 18:,00hs y Domingo 30 de 10.00 a 14:00 horas.

Lugar: Instituto Jophiel.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES
peru@aprenderacanalizar.com (Para recibir el dossier)

Costo: 180 soles. Enviar voucher a peru@aprenderacanalizar.com

Banco Continental:
Ahorros Soles
0011 0383 0200210259 74
Titular de la cuenta: SANDOVAL CACERES ANA KARINA

Banco de Credito
ahorros soles 193-13907976-0-58
Titular de la cuenta: SANDOVAL CACERES ANA KARINA

 

 
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domingo, 16 de agosto de 2015

''Ubik'', Philip K. Dick. Novela de ciencia ficción

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

 

 

UBIK

Philip K. Dick

 

 

 

 

1

 

 

Hoy nos toca hacer limpieza, amigos: éstos son los descuentos con los que liquidamos nuestros silenciosos Ubiks eléctricos. Sí, echamos la casa por la ventana. Y recuerden: todos nuestros Ubiks han de ser usados de acuerdo con las instrucciones.

 

A las tres y media de la madrugada del cinco de junio de 1992, todos los videófonos se pusieron en funcionamiento: el telépata jefe del Sistema Sol había caído del mapa situado en las oficinas de Runciter Asociados en Nueva York. Durante los dos últimos meses, la organización Runciter había perdido la pista de demasiados psicos de Hollis; aquella desaparición no causaría mayor sorpresa.

 

—¿Señor Runciter? Siento molestarle. —El técnico encargado del mapa en el turno de noche carraspeó nerviosamente mientras la voluminosa y desaseada cabeza de Glen Runciter emergía hasta llenar por completo la videopantalla—. Hemos recibido noticias de uno de nuestros inerciales. A ver... —Revolvió un desordenado montón de cintas del grabador que recibía las comunicaciones del exterior—. Lo ha comunicado la señorita Dorn; como recordará, le había seguido hasta Green River, Utah, donde...

—¿De quién me habla? No puedo tener siempre en la cabeza qué inercial está siguiendo a qué telépata o a qué precognitor —masculló, soñoliento, Runciter. Se alisó con una mano la ondulada masa de cabello gris—. Vaya al grano y dígame cuál de los de Hollis es el que falta ahora.

—S. Dole Melipone —dijo el técnico.

—¿Cómo? ¿Que Melipone ha volado? No diga tonterías.

—No digo tonterías —aseguró el técnico—. Edie Dorn y otros dos inerciales le siguieron hasta un motel llamado "Los Lazos de la Experiencia Erótica Polimorfa", un complejo subterráneo de sesenta módulos que recibe una clientela de hombres de negocios y furcias. Edie y sus colegas no creían que Melipone estuviera en actividad, pero para asegurarnos mandamos a uno de nuestros propios telépatas, G.G. Ashwood, a que le leyera. Ashwood encontró un verdadero lío envolviendo la mente de Melipone y no pudo hacer nada, así que volvió a Topeka, Kansas, donde ahora rastrea una nueva posibilidad.

 

Runciter, ya más despierto, había encendido un cigarrillo. Con la mano en el mentón y expresión sombría, seguía sentado mientras el humo del cigarrillo se elevaba a través del objetivo de su extremo del doble circuito.

 

—¿Seguro que el telépata era Melipone? Según parece, ya nadie sabe qué aspecto tiene exactamente; debe de cambiar de patrón fisonómico una vez al mes. ¿Y de su campo qué hay?

—Le dijimos a Joe Chip que fuese al motel y midiese la amplitud del campo generado allí. Según Chip, se registraba un máximo de sesenta y ocho coma dos unidades de aura telepática que sólo Melipone, entre todos los telépatas conocidos, puede producir. Así que colocamos la identichapa de Melipone en este punto del mapa. Y ahora Melipone..., bueno, la chapa... ya no está.

—¿Ha mirado por el suelo o detrás del mapa?

—La identichapa ha desaparecido electrónicamente. El hombre que representa ya no está en la Tierra ni, por lo que sabemos, en ninguna de sus colonias.

—Iré a consultar con mi difunta esposa —dijo Runciter.

—Pero, los moratorios están cerrados. Es más de medianoche.

—No en Suiza —repuso Runciter, sonriendo con una mueca.

Se despidió brevemente y cortó la comunicación.

 

 

 

 

Para descargar el libro completo:

 

 

http://teketen.com/liburutegia/Ubik-Philip_K_Dick.pdf

 


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domingo, 19 de julio de 2015

''Malditas matemáticas'', Carlo Frabetti. Libro

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Malditas matemáticas. Alicia en el país de los números

Carlo Frabetti

 

 

Capítulo 1

Las matemáticas no sirven para nada

 

 

 

Alicia estaba sentada en un banco del parque que había al lado de su casa, con un libro y un cuaderno en el regazo y un bolígrafo en la mano. Lucía un sol espléndido y los pájaros alegraban la mañana con sus trinos, pero la niña estaba de mal humor. Tenía que hacer los deberes.

 

—¡Malditas matemáticas! ¿Por qué tengo que perder el tiempo con estas ridículas cuentas en vez de jugar o leer un buen libro de aventuras? —se quejó en voz alta—. ¡Las matemáticas no sirven para nada!

 

Como si su exclamación hubiera sido un conjuro mágico, de detrás de unos matorrales que había junto al banco en el que estaba sentada salió un curioso personaje: era un individuo larguirucho, de rostro melancólico y vestido a la antigua; parecía recién salido de una ilustración de un viejo libro de Dickens que había en casa de la abuela, pensó Alicia.

 

—¿He oído bien, jovencita? ¿Acabas de decir que las matemáticas no sirven para nada? —preguntó entonces el hombre con expresión preocupada.

—Pues sí, eso he dicho. ¿Y tú quién eres? No serás uno de esos individuos que molestan a las niñas en los parques...

—Depende de lo que se entienda por molestar. Si las matemáticas te disgustan tanto como parecen indicar tus absurdas quejas, tal vez te moleste la presencia de un matemático,

—¿Eres un matemático? Más bien pareces uno de esos poetas que van por ahí deshojando margaritas.

—Es que también soy poeta.

—A ver, recítame un poema.

—Luego, tal vez. Cuando uno se encuentra con una niña testaruda que dice que las matemáticas no sirven para nada, lo primero que tiene que hacer es sacarla de su error.

—¡Yo no soy una niña testaruda! —protestó Alicia—. ¡Y no voy a dejar que me hables de matemáticas!

 —Es una actitud absurda, teniendo en cuenta lo mucho que te interesan los números.

—¿A mí? ¡Qué risa! No me interesan ni un poquito así —replicó ella juntando las yemas del índice y el pulgar hasta casi tocarse—. No sé nada de matemáticas, ni ganas tengo.

—Te equivocas. Sabes más de lo que crees. Por ejemplo, ¿cuántos años tienes?

—Once.

—¿Y cuántos tenías el año pasado?

—Vaya pregunta más tonta: diez, evidentemente.

—¿Lo ves? Sabes contar, y ése es el origen y la base de todas las matemáticas. Acabas de decir que no sirven para nada; pero ¿te has parado alguna vez a pensar cómo sería el mundo si no tuviéramos los números, si no pudiéramos contar?

—Sería más divertido, seguramente.

—Por ejemplo, tú no sabrías que tienes once años. Nadie lo sabría y, por lo tanto, en vez de estar tan tranquila ganduleando en el parque, a lo mejor te mandarían a trabajar como a una persona mayor.

— ¡Yo no estoy ganduleando, estoy estudiando matemáticas!

—Ah, estupendo. Es bueno que las niñas de once años estudien matemáticas. Por cierto, ¿sabes cómo se escribe el número once?

—Pues claro; así —contestó Alicia, y escribió 11 en su cuaderno.

—Muy bien. ¿Y por qué esos dos unos juntos representan el número once?

—Pues porque sí. Siempre ha sido así.

—Nada de eso. Para los antiguos romanos, por ejemplo, dos unos juntos no representaban el número once, sino el dos —replicó el hombre, y, tomando el bolígrafo de Alicia, escribió un gran II en el cuaderno.

—Es verdad —tuvo que admitir ella—. En casa de mi abuela hay un reloj del tiempo de los romanos y tiene un dos como ése.

—Y, bien mirado, parece lo más lógico, ¿no crees?

 

 

 

 

Para descargar el libro completo:

 

http://www.librosmaravillosos.com/malditasmatematicas/pdf/Malditas%20matematicas%20-%20Carlo%20Frabetti.pdf

 


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