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domingo, 25 de septiembre de 2016

''Santa'', Federico Gamboa. Novela

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Santa

Federico Gamboa

 

 

Primera parte

 

 

Aquí es —dijo el cochero deteniendo de golpe a los caballos, que sacudieron la cabeza hostigados por 10 brusco del movimiento.

 

La mujer asomó la cara, miró a un lado y otro de la portezuela, y como si dudase o no reconociese el lugar, preguntó admirada:

 

—iAquí! .... ¿en dónde? ...

 

El cochero, contemplándola canallamente desde el pescante, apuntó con el látigo tendido:

 

—Allí, al fondo, aquella puerta cerrada.

 

La mujer saltó del carruaje, del que extrajo un lío de mezquino tamaño; metióse la mano en el bolsillo de su enagua y le alargó un duro al auriga:

 

—Cóbrese usted.

 

Muy lentamente y sin dejar de mirarla, el cochero se puso en pie, sacó diversas monedas del pantalón que recontó luego en el tecno del vehículo, y por último, le devolvió su peso:

 

—No me alcanza; me pagará usted otra vez, cuando me necesite por la tarde. Soy del sitio de san Juan de Letrán, número 317 y bandera colorada. Sólo dígame usted cómo se llama....

 

—Me llamo Santa, pero cóbrese usted; no sé si me quedaré en esa casa.... Guarde usted todo el peso,—exclamó después de breve reflexión, ansiosa de terminar el incidente, y sin aguardar más, echóse a andar, de prisa, inclinado el rostro, medio oculto el cuerpo todo bajo el pañolón que algo se le resbalaba de los hombros; cual si la apenara encontrarse allí a tales horas, con tanta luz y tanta gente que de seguro la observaba, que de fijo sabía lo que ella iba a hacer. Casi sin darse cuenta exacta de que a su derecha quedaba un jardín anémico y descuidado, ni de que a su izquierda había una fonda de dudoso aspecto y mala catadura, siguió adelante, hasta llamar en la puerta cerrada. Sí advirtió, confusamente, algo que semejaba césped raquítico y roído a trechos; arbustos enanos y uno que otro tronco de árbol; sí le llegó un tufo a comida y a aguardiente, rumor de charlas y de risas de hombres; aun le pareció, pero no quiso cerciorarse deteniéndose o volviendo el rostro, que varios de ellos se agrupaban en el vano de una de las puertas, que sin recato la contemplaban y proferían apreciaciones en alta y destemplada voz, acerca de sus andares y modales. Toda aturdida, desfogóse con el aldabón y llamó distintas veces, con tres golpes en cada vez.

 

 

Para descargar el libro completo:

 

http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/CJM/327849_1.pdf

 

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domingo, 14 de agosto de 2016

Poema de Cátulo

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

 

Poema de Cátulo

 

 

 

 

Pobre Cátulo, deja tus locuras,

lo que perdido ves, dalo al olvido.

Fulgieron un día cándidos para ti los soles,

cuando acudías adonde tu amada decía,

amada como será amada ninguna.

Entonces celebraban muchas fiestas,

que tú querías y ella deseaba,

fulgieron verdaderamente cándidos para ti los soles.

 

Mas ya ella no te quiere. Tú también, impotente, no la quieres,

ni a lo que huye sigas, ni triste vive,

sino con firme voluntad resiste.

Adiós amada. Ya es fuerte Cátulo,

ni habrá de buscarte, ni habrá de rogarte.

Ya llorarás el día que nadie te corteje.

Pobre de ti infame, ¿qué vida te espera?

¿Quién ahora a ti se acercará, a quién parecerás bonita?

¿A quién ahora amarás, de quién que eres se dirá?

¿A quién besarás, a quién los labios morderás?

Mas tú, Cátulo, decidido, resiste.

 

 

Fuente: 


http://es.wikisource.org/wiki/Poemas_(Catulo)

 

 

 

 

Cayo Valerio Cátulo (Verona, actual Italia, 87 a. C. – Roma, 57 a. C., aunque muchos estudiosos aceptan las fechas 84 a. C. – 54 a. C.) fue un poeta latino.

 

Nació en Verona, en una familia influyente (su padre era amigo de Julio César, al que Cátulo sin embargo despreciaba, quizá a causa de la sequedad de su estilo literario).

 

Estudió en Roma, pasó allí varias temporadas, al fin se estableció en la ciudad en el año 62 a. C. y se introdujo en los cenáculos literarios de sus amigos. Se enamoró de una dama muy bella y licenciosa, Clodia, casada con Quinto Cecilio Metelo Céler, gobernador de la Galia Cisalpina, y hermana del tribuno de la plebe Publio Clodio Pulcro, enemigo de Cicerón.

 

 

Fuente: Wikipedia.

 

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domingo, 7 de agosto de 2016

''La insoportable levedad del ser'', Milán Kundera. Novela

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), dese México.

 

 

 

La insoportable levedad del ser

Milán Kundera

 

 

 

1

 

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?

 

El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.

 

¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?

 

Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

 

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.

 

Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.

 

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?

 

Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.

 

 

Para descargar el libro completo:

 

https://mefistocastellano.files.wordpress.com/2013/03/kundera-milan-la-insoportable-levedad-del-ser.pdf

 

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