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lunes, 27 de octubre de 2014

Datos biográficos de Arthur Schopenhauer, filósofo alemán

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

Arthur Schopenhauer

 

 

Arthur Schopenhauer (Danzig, 22 de febrero de 1788 — Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue un filósofo alemán.

 

Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» la filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta. En su obra tardía, a partir de 1836, presenta su filosofía en abierta polémica contra los desarrollos metafísicos postkantianos de sus contemporáneos, y especialmente contra Hegel, lo que contribuyó en no escasa medida a la consideración de su pensamiento como una filosofía «antihegeliana».

 

Su trabajo más famoso, Die Welt als Wille und Vorstellung (El mundo como voluntad y representación), constituye desde el punto de vista literario una obra maestra de la lengua alemana de todas las épocas. Supone además una de las cumbres del idealismo occidental, y el pesimismo profundo (que no profundo pesimismo), que perdura en la obra de escritores y pensadores de los siglos XIX y XX, de la talla de Richard Wagner, León Tolstói, Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud, Thomas Mann, Carl Gustav Jung, Albert Einstein, Otto Weininger, Otto Rank, Erwin Schrödinger, Ludwig Wittgenstein, Jorge Luis Borges, Pío Baroja o Émile Cioran, entre otros.

 

 

Fuente: Wikipedia.


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Resumen del libro de Schopenhauer

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Resumen del libro La cuádruple raíz del principio de razón suficiente, de Arthur Schopenhauer

 

 

 

 

En vida de Schopenhauer se hicieron dos ediciones de esta obra: la primera en 1813, y la segunda en 1847; las diferencias entre ambas están explicadas en el "Prólogo del Traductor" de la edición que estamos manejando, en las pp. 7 a 21. La primera de las ediciones es la publicación de la tesis doctoral, que fue notablemente ampliada en 1847, sobre todo a base de referencias polemizantes con sus coetáneos.

 

No es ésta la obra más importante de Schopenhauer, pues se trata de su primera investigación filosófica; sin embargo, cuando en 1847 decide publicar una segunda edición ampliada, Schopenhauer ha escrito ya sus obras más importantes.

 

Tras el Prólogo, el Capítulo primero es introductorio; el Capítulo Segundo revisa las opiniones que los filósofos han dado acerca del principio de razón suficiente. A partir del Capítulo Tercero expone Schopenhauer su doctrina al respecto, y la obra va perdiendo interés progresivamente.

 

El lector, se disculpa Schopenhauer, notara que está oyendo a un viejo leer en voz alta —comentándola— una obra que escribió en su juventud. La diferencia entre ambos está en que el joven, en su candidez, pensaba que todos los que se ocupan de la filosofía no buscan más que la verdad; por contraste, "la voz firme, pero algo bronca, del viejo, que finalmente ha tenido que descubrir en qué noble compañía de traficantes y aduladores serviles ha caído". Entre estos traficantes destaca Hegel, con toda una serie de absurdos que incapacitan para pensar y son presa del materialismo vulgar. A lo largo de todo el libro son muchas las referencias despectivas hacia los alemanes de su tiempo que siguieron de algún modo a Hegel. En virtud del rigor de la exposición, evitaré la mayor parte de esos comentarios casi siempre viscerales y poco razonados.

 

A partir del momento en que Schopenhauer deja de comentar las opiniones de sus predecesores y expone su doctrina, desde ese mismo instante puede decirse que está elaborando una teoría de las facultades cognoscitivas; una teoría de sesgo kantiano.

 

La importancia de tratar acerca del principio de razón suficiente estriba en que es el fundamento de todas las ciencias. Dar razón es elaborar un auténtico sistema de conocimientos: ya señalaron Platón y Aristóteles que el "porqué" es la madre de todas las ciencias —el paso de las causas a los efectos, de los principios a sus consecuencias—. Solamente si logramos explicar la diversidad de raíces que tiene este gran principio podremos compaginar la profundidad y la claridad en nuestra investigación; profundidad y claridad similares a las de un lago suizo.

 

Si bien el tratamiento de los autores es excesivamente breve y simplificador, y casi únicamente ad hominem, en el fondo se encierra algo aprovechable: que no pueden confundirse las dos nociones —causa y razón—.

Ocurre que Schopenhauer no puede sacar todo el partido a esa distinción porque pronto se manifiesta que la noción de causa que maneja es la misma que elaboró Kant: una causalidad que une representaciones, pero que no puede aplicarse a las cosas. La crítica kantiana le sirve a Schopenhauer para ahorrarse una discusión de bastantes temas: piensa que ya Kant destruyó los argumentos ontológico y cosmológico, y él puede dedicarse con toda tranquilidad a insultar a quienes todavía osan defenderlos.

 

A partir del Capítulo Tercero se nos presenta una ampliación de la noción de razón —Grund, fundamento—. Los filósofos anteriores han errado al confundir dos de esas razones —la del conocimiento y la del devenir—; si esa confusión ya es grave, ocurre además que —según Schopenhauer— han dejado sin explicar dos clases de objetos: se han olvidado de que hay dos fundamentos, dos razones, dos porqués más; uno de ellos es el par kantiano espacio-tiempo. Acorde al pensamiento de Kant, Schopenhauer denomina a este fundamento principio de la realidad; pero existe todavía otro fundamento más, que va a ser el que propiamente añade Schopenhauer: la voluntad. El tratamiento de la voluntad en esta obra es excesivamente breve, y no permite formarse un juicio acerca de qué consecuencias puede extraer Schopenhauer de su primacía sobre el entendimiento —una primacía subjetiva, según se apunta al decir que el sujeto sólo se conoce queriendo, cuando quiere, pero que no puede conocerse conociendo—.

 

Algunas confusiones importantes, que Schopenhauer menciona al hilo de las diversas manifestaciones del principio de razón, tienen su origen en la limitación que tiene la causalidad entendida en sentido kantiano; la eternidad de la materia propuesta por Schopenhauer es un ejemplo. Otro, la confusión entre sustancia y materia, reducidas ambas al ámbito de los objetos, de los fenómenos, de las representaciones. En el ámbito fenoménico debe encuadrarse también la descalificación de los conceptos metafísicos —ser, esencia etc.—. Por último, la afirmación de la imposibilidad de demostrar la existencia de Dios —sólo sería cognoscible por la fe descansa despreocupadamente en las críticas kantianas, que tantas molestias intelectuales han ahorrado a Schopenhauer en esta obra.

 

 

 

Fuente:

 

http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/schopenh_vie.htm


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Razón suficiente para Arthur Schopenhauer

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

La cuádruple raíz del principio de razón suficiente

 Arthur Schopenhauer

 

 

Capítulo primero

 

1. El método

 

 

El divino Platón y el asombroso Kant unen su poderosa voz; para preconizar la necesidad de una regla para el método de todas las filosofías, y aun de todas las ciencias en general. Dos leyes, dicen, la de la homogeneidad y la de la especificación, deben emplearse en igual medida, sin abusar de la una con perjuicio de la otra. La ley de la homogeneidad nos enseña, mediante la observación de la semejanza y correspondencia o armonía de la cosas, a formar con ellas especies y a reunir estas especies en géneros basados en alguna semejanza o cualidad común, para luego juntar estos géneros en familias, y así sucesivamente, hasta llegar a un concepto, el más comprensivo, que los abarque a todos. Como quiera que esta es una ley esencial, transcendental de la razón humana, presupone una correspondencia con la naturaleza, suposición que se expresa en el clásico axioma: entia praeter necessitatem non esse multiplicanda ["no deben multiplicarse los principios sin necesidad""]. Kant, por el contrario, formula la ley de la especificación: entium varietates non temere esse minuendas ["la variedad de los entes no deben disminuirse irreflexivamente"]. Esta exige que separemos escrupulosamente los géneros agrupados en la vasta noción de familia, lo mismo que las especies superiores e inferiores comprendidas en tales géneros, guardándonos bien de dar ningún salto, y, sobre todo, de no confundir una especie inferior, y con más razón un individuo, con la noción de familia, siendo cada concepto capaz de un nuevo desdoblamiento, sin llegar a la intuición pura. Kant enseña que estas dos leyes son principios transcendentales de la razón, y que reclaman a priori el acuerdo con las cosas, y Platón parece expresar a su modo la misma afirmación al decir que estas reglas, que constituyen el origen de todas las ciencias, nos fueron arrojadas, con el fuego de Prometeo, de la mansión de los dioses.

 

 

 

 

2. Su empleo en el presente caso

 

 

A pesar de tan poderosas recomendaciones, considero la última de estas dos reglas poco aplicada a uno de los principios constitutivos de todos los conocimientos, al principio de la razón suficiente. Si bien se le ha enunciado desde hace largo tiempo, con frecuencia se ha descuidado separar sus muy diversas aplicaciones, en cada una de las cuales tiene una significación distinta, y que delatan su procedencia de diferentes facultades cognoscitivas. Pero precisamente en el estudio de nuestras facultades, el uso del principio de homogeneidad, con desprecio del contrario, nos conduce a muchos y hondos errores, y, por el contrario, el uso del principio de especificación nos hace dar los más grandes y decisivos pasos. Esto se demuestra comparando la filosofía kantiana con todas las anteriores. Séame permitido reproducir un pasaje en que Kant recomienda aplicar el principio de especificación a la fuente de todos nuestros conocimientos, dando así autoridad a mis actuales estudios: «Es de la más alta importancia aislar los conocimientos que por su especie y origen son distintos de los demás, y evitar cuidadosamente que se confundan en una amalgama con otros, con los cuales suele mezclarles el uso. Lo que el químico hace al dividir la materia, lo que hace el matemático en sus más arduas operaciones, debe hacerlo con mayor razón el filósofo, con lo que obtendrá el provecho de poder determinar seguramente el valor y la importancia de determinados conocimientos adquiridos por un uso incierto de la razón» (Crítica  de la razón pura, Doctrina del método 3).

 

 

 

 

Para descargar el libro completo:

 

http://www.schopenhauer-web.org/textos/Schopenhauer_CRPRS.pdf


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