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domingo, 14 de agosto de 2016

Poema de Cátulo

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

 

Poema de Cátulo

 

 

 

 

Pobre Cátulo, deja tus locuras,

lo que perdido ves, dalo al olvido.

Fulgieron un día cándidos para ti los soles,

cuando acudías adonde tu amada decía,

amada como será amada ninguna.

Entonces celebraban muchas fiestas,

que tú querías y ella deseaba,

fulgieron verdaderamente cándidos para ti los soles.

 

Mas ya ella no te quiere. Tú también, impotente, no la quieres,

ni a lo que huye sigas, ni triste vive,

sino con firme voluntad resiste.

Adiós amada. Ya es fuerte Cátulo,

ni habrá de buscarte, ni habrá de rogarte.

Ya llorarás el día que nadie te corteje.

Pobre de ti infame, ¿qué vida te espera?

¿Quién ahora a ti se acercará, a quién parecerás bonita?

¿A quién ahora amarás, de quién que eres se dirá?

¿A quién besarás, a quién los labios morderás?

Mas tú, Cátulo, decidido, resiste.

 

 

Fuente: 


http://es.wikisource.org/wiki/Poemas_(Catulo)

 

 

 

 

Cayo Valerio Cátulo (Verona, actual Italia, 87 a. C. – Roma, 57 a. C., aunque muchos estudiosos aceptan las fechas 84 a. C. – 54 a. C.) fue un poeta latino.

 

Nació en Verona, en una familia influyente (su padre era amigo de Julio César, al que Cátulo sin embargo despreciaba, quizá a causa de la sequedad de su estilo literario).

 

Estudió en Roma, pasó allí varias temporadas, al fin se estableció en la ciudad en el año 62 a. C. y se introdujo en los cenáculos literarios de sus amigos. Se enamoró de una dama muy bella y licenciosa, Clodia, casada con Quinto Cecilio Metelo Céler, gobernador de la Galia Cisalpina, y hermana del tribuno de la plebe Publio Clodio Pulcro, enemigo de Cicerón.

 

 

Fuente: Wikipedia.

 

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domingo, 7 de agosto de 2016

''La insoportable levedad del ser'', Milán Kundera. Novela

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), dese México.

 

 

 

La insoportable levedad del ser

Milán Kundera

 

 

 

1

 

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?

 

El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.

 

¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?

 

Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

 

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.

 

Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.

 

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?

 

Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.

 

 

Para descargar el libro completo:

 

https://mefistocastellano.files.wordpress.com/2013/03/kundera-milan-la-insoportable-levedad-del-ser.pdf

 

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domingo, 24 de julio de 2016

''Cenicienta'', Hermanos Grimm. Cuento

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

 

Cenicienta

Hermanos Grimm

 

 

 

 

Un hombre rico tenía a su mujer muy enferma, y cuando vio que se acercaba su fin, llamó a su hija única y le dijo:

 

—Querida hija, sé piadosa y buena, Dios te protegerá desde el cielo y yo no me apartaré de tu lado y te bendeciré.

 

Poco después cerró los ojos y espiró. La niña iba todos los días a llorar al sepulcro de su madre y continuó siendo siempre piadosa y buena. Llegó el invierno y la nieve cubrió el sepulcro con su blanco manto, llegó la primavera y el sol doró las flores del campo y el padre de la niña se casó de nuevo.

 

La esposa trajo dos niñas que tenían un rostro muy hermoso, pero un corazón muy duro y cruel; entonces comenzaron muy malos tiempos para la pobre huérfana.

 

—No queremos que esté ese pedazo de ganso sentada a nuestro lado, que gane el pan que coma, váyase a la cocina con la criada.

 

Le quitaron sus vestidos buenos, le pusieron una basquiña remendada y vieja y le dieron unos zuecos.

 

—¡Qué sucia está la orgullosa princesa! —decían riéndose, y la mandaron ir a la cocina: tenía que trabajar allí desde por la mañana hasta la noche, levantarse temprano, traer agua, encender lumbre, coser y lavar; sus hermanas le hacían además todo el daño posible, se burlaban de ella y le vertían la comida en la lumbre, de manera que tenía que bajarse a recogerla. Por la noche, cuando estaba cansada de tanto trabajar, no podía acostarse, pues no tenía cama, y la pasaba recostada al lado del fuego, y como siempre estaba llena de polvo y ceniza, le llamaban la Cenicienta.

 

Sucedió que su padre fue en una ocasión a una feria y preguntó a sus hijastras lo que querían que les trajese.

 

—Un bonito vestido —dijo la una.

—Una buena sortija, —añadió la segunda.

—Y tú, Cenicienta, ¿qué quieres? —le dijo.

—Padre, tráeme la primera rama que encuentres en el camino.

 

Compró a sus dos hijastras hermosos vestidos y sortijas adornadas de perlas y piedras preciosas, y a su regreso, al pasar por un bosque cubierto de verdor, tropezó con su sombrero en una rama de zarza, y la cortó. Cuando volvió a su casa dio a sus hijastras lo que le habían pedido y la rama a la Cenicienta, la cual se lo agradeció; corrió al sepulcro de su madre, plantó la rama en él y lloró tanto que, regada por sus lágrimas, no tardó la rama en crecer y convertirse en un hermoso árbol. La Cenicienta iba tres veces todos los días a ver el árbol, lloraba y oraba y siempre iba a descansar en él un pajarillo, y cuando sentía algún deseo, en el acto le concedía el pajarillo lo que deseaba.

 

Celebró por entonces el rey unas grandes fiestas, que debían durar tres días, e invitó a ellas a todas las jóvenes del país para que su hijo eligiera la que más le agradase por esposa. Cuando supieron las dos hermanastras que debían asistir a aquellas fiestas, llamaron a Cenicienta y le dijeron.

 

—Péinanos, límpianos los zapatos y ponles bien las hebillas, pues vamos a una boda al palacio del Rey.

 

Cenicienta las escuchó llorando, pues las hubiera acompañado con mucho gusto al baile, y suplicó a su madrastra que se lo permitiese.

 

—Cenicienta —le dijo—: estás llena de polvo y ceniza y ¿quieres ir a una boda? ¿No tienes vestidos ni zapatos y quieres bailar?

 

Pero como insistiese en sus súplicas, le dijo por último:

 

—Se ha caído un plato de lentejas en la ceniza, si las recoges antes de dos horas, vendrás con nosotras:

 

La joven salió al jardín por la puerta trasera y dijo:

 

—Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, vengan todos y ayúdenme a recoger.

 

Las buenas en el puchero,

las malas en el caldero.

 

Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, y después dos tórtolas y por último comenzaron a revolotear alrededor del hogar todos los pájaros del cielo, que acabaron por bajarse a la ceniza, y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los restantes pájaros comenzaron también a decir pi, pi, y pusieron todos los granos buenos en el plato. Aún no había trascurrido una hora, y ya estaba todo concluido y se marcharon volando. Llevó entonces la niña llena de alegría el plato a su madrastra, creyendo que le permitiría ir a la boda, pero ésta le dijo:

 

—No, Cenicienta, no tienes vestido y no sabes bailar, se reirían de nosotras.

 

Mas viendo que lloraba, añadió:

 

—Si puedes recoger de entre la ceniza dos platos llenos de lentejas en una hora, irás con nosotras.

 

Creyendo en su interior que no podría hacerlo, vertió los dos platos de lentejas en la ceniza y se marchó, pero la joven salió entonces al jardín por la puerta trasera y volvió a decir:

 

—Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, vengan todos y ayúdenme a recoger.

 

Las buenas en el puchero,

las malas en el caldero.

 

 

 

 Para ver el cuento completo:

 

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/grimm/la_cenicienta.htm

 

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