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lunes, 15 de mayo de 2017

Red Flor de Lis / Retiro Dexot a Oxapampa y Pozuzo



 

Retiro Interior a Oxapampa y Pozuzo

 


No te pierdas este retiro interior a Oxapampa y Pozuzo donde compartiremos alimentación saludable y sonidos a cargo del chef, yogui y músico Miguel Melgar y meditaciones a cargo de Hannah Karina y un itinerario diseñado para conocer lugares maravillosos, siempre buscando la introspección a través de la Meditación y el Yoga. Del jueves 29 de junio (feriado) al domingo 2 de junio. Ya son pocos los espacios disponibles, haz tu reserva con anticipación.

A diferencia de otros retiros Detox donde no se suele salir del recinto, nosotros incluimos tours por medio de una agencia de turismo para conocer lugares maravillosos.


Mayores informes en el siguiente evento:
https://www.facebook.com/events/1763061740672088/

!Solo 10 cupos! Reserva con anticipación con pronto pago. Puedes separar con el 50%

Itinerario:

Día 0

28 de Junio: Salida en la noche Lima- Oxapampa (no incluido)

Día 1

Jueves 29 de junio:

Llegada a Oxapampa y traslado a Illariy Tampu Ecoalbergue
• Desayuno
• Charla introductoria
• Tiempo Libre
• Almuerzo
• Tarde Libre para ir a los alrededores
• Yoga al atardecer
• Meditación nocturna para conectar con Animales de Poder
• Cena

Día 2

Viernes 30 de junio

• Desayuno
• Full Day salida a Pozuzo con movilidad propia
• Almuerzo no incluido
• Retorno
• Cena

Día 3

Sábado 1ro de julio

• Desayuno
• Saludo al sol y ejercicios psicofísicos
• Salida a tour Rio Tigris
• Almuerzo
• Tarde de trekking básico
• Yoga al atardecer
• Meditación nocturna
• Cena

Día 4

Domingo 2 de julio

• Saludo al sol y ejercicios psicofísicos
• Desayuno
• Salida a tour Chontabamba
• Almuerzo
• Tarde Libre
• Yoga al Atardecer
• Actividad de Cierre
• Snack

Salida al terminal de bus para retornar a Lima (no incluye pasaje Oxapampa-Lima)

El tour incluye

• Alimentación completa vegetariana (salvo almuerzo en Pozuzo)
• 3 Noches de hospedaje en habitación compartida
• Tour Fullday a Pozuzo
• Tours sábado y domingo
• Yoga y meditaciones

Precio por persona
S/500 soles (hasta el 17 de mayo)
S/550 soles (después del 18 de mayo hasta el 10 de junio)
S/600 soles (después del 11 de junio hasta el 22 de junio)

El tour no incluye
Pasajes Lima-Oxapampa- Lima: (El precio en Mobil tours está entre 100 y 130 soles x tramo)
Almuerzo en Pozuzo del día viernes 30

Organizan:
Hannah Karina Sandoval - Comunicadora y Canal
Miguel Melgar: Yogui, Chef y Músico

Puedes hacer el abono del 50% a cualquiera de la siguientes cuentas y enviar constancia a redflordelis@gmail.com

Banco de Crédito
ahorros soles 193-13907976-0-58
Titular de la cuenta: SANDOVAL CACERES ANA KARINA
Código cuenta interbancario 00219311390797605818

Banco Continental:
Ahorros Soles
0011 0383 0200210259 74
Titular de la cuenta: SANDOVAL CACERES ANA KARINA
Código Interbancario: 011-383-000200210259-74




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sábado, 15 de abril de 2017

Jesús y la mujer adúltera

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Jesús y la mujer adúltera

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=psG39hx63dg

 

 

Cada quien tiene sus razones para hacer lo que hace. Los humanos somos inquisitivos, pero también podemos ser sensatos, prudentes y empáticos. En vez de ocuparnos de los problemas ajenos, primero arreglemos nuestros propios problemas.

 

 

Juan 8, 1-11: El que esté  libre de pecado, que tire la primera piedra

 

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

 

Reflexión

 

Una vez más, los letrados y fariseos le han tendido una trampa a Jesús. El mismo había dicho: "No creáis que haya venido a abolir la ley". Por lo tanto, según la ley, debe condenar a la mujer sorprendida en adulterio. Pero si la condena, perderá su fama de "misericordioso" y de "amigo de los pecadores" que se ha ganado entre el pueblo.

 

Pero si la deja libre, demostrará que pisotea la ley, y le podrán tachar de hereje. Jesús, aparentemente, no se interesa por la trampa que le han preparado con tanta perfidia: "Inclinándose escribía con el dedo en el suelo". Pero ellos insisten. Quieren conseguir la sentencia a todo precio.

 

Entonces Jesús se incorpora y les dice: Adelante, condenadla, lapidadla según la ley. Pero que aquel "que esté sin pecado, le tire la primera piedra".

 

Sucede como si hubiera levantado de repente la tapa de una cloaca: un hedor horrible. Y cada uno tiene que hacer las cuentas con aquel hedor, con la podredumbre de sus propios pecados, incluso de los más ocultos. Y le obliga a dejar caer al suelo la piedra que ya ha tomado en sus manos y que ahora le pesa como el plomo.

 

Y entonces "empiezan a retirarse uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último". La trampa esta vez ha sido para ellos mismos. Y así el tribunal se vacía. Se queda solo Jesús, el inocente, el único que tiene derecho de tirarle la piedra.

 

Y le dice: "Tampoco yo lo condeno". No te condeno porque yo, dentro de poco, seré condenado en tu lugar. Yo pagaré por tu pecado. Parece que la inocencia conoce una sola justicia: la de sufrir por los culpables.

 

Y agrega Jesús: "Anda, y en adelante no peques más". Ya no pecará más. ¿Cómo va a tener ganas de pecar en adelante? Se siente curada para siempre por aquella mirada que la ha salvado de todos. Perseguida, invadida por el recuerdo de una bondad, de un afecto tan tierno: ya no tendrá necesidad de llenar su pobre vida de pecados. Su corazón está lleno para siempre, de gratitud, de amor, de alegría.

 

Este episodio debería ser suficiente para quitar de la boca de un cristiano toda palabra de condenación ante un hermano, y para desvirtuar todo gesto de castigo.

 

Pero no es así. El episodio no ha logrado hacer desaparecer uno de los oficios más antiguos del mundo: la confesión de los pecados ajenos. Más que oficio es, tal vez, un juego de sociedad, incluso de una sociedad considerada cristiana. ¿Quién de nosotros no ha tomado parte en él alguna vez en su vida?

 

La única diferencia con los letrados y fariseos del Evangelio es que somos menos violentos en la ejecución. Hemos sustituido las piedras por el fango. Las piedras hacen daño. El fango no hace daño. Pero ensucia, mancha, salpica.

 

Para condenar a los demás, para acusarlos y calumniarlos, es necesario ser ciego: "¿Cómo es que miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la paja del ojo de tu hermano". (Mt 7, 3-5)

 

Para condenar a los demás, es necesario sufrir una irremediable amnesia: olvidarse de lo que es la realidad más indiscutible: todos somos pecadores.

 

La "vida de los padres del desierto" nos cuenta: "Un hermano había caído en pecado. El sacerdote le ordenó que se alejase de la iglesia. Entonces el abad Besarión se levantó y salió al mismo tiempo diciendo: También yo soy pecador".

 

Cuantas veces nosotros, como el abad Besarión, tendríamos que abandonar nuestras reuniones de grupo, reuniones sociales diciendo como él: También yo soy pecador, también yo he caído en lo que estamos condenando.

 

Y lo peor de todo: con nuestros juicios, nuestras acusaciones estamos preparando nuestra propia condenación. El Evangelio no deja ninguna duda al respecto: "No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida que midáis seréis medidos". (Mt 7,1 s.)

 

Mis juicios, mis sentencias de condenación son un material precioso que Dios lo conserva celosamente, que lo tiene todo registrado. Algún día me lo hará escuchar. Y entonces el condenado seré yo. Y me lo he buscado. Lo he sabido desde siempre, desde que escuché el Evangelio, el de la mujer adúltera.

 

¡Qué así sea!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 

Padre Nicolás Schwizer

Instituto de los Padres de Schoenstatt

 

 

 

Fuente:

 

http://courseware.url.edu.gt/Facultades/Facultad%20de%20Teolog%C3%ADa/Segundo%20Ciclo%202010/Quien%20Fue%20Jes%C3%BAs%20de%20Narareth/Objetos%20de%20Aprendizaje/Los%20amigos%20de%20Jes%C3%BAs/06-QFJesus-Amigos/lectura__mujer_adltera.html

 

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viernes, 31 de marzo de 2017

''La Iliada'', Canto I, fragmento

 

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

La Iliada

 

Canto I*

Peste - Cólera

 

 

* Después de una corta invocación a la divinidad para que cante "la perniciosa ira de Aquiles", nos refiere el poeta que Crises, sacerdote de Apolo, va al campamento aqueo para rescatar a su hija, que  había sido hecha cautiva y adjudicada como esclava a Agamenón; éste desprecia al sacerdote, se niega a darle la hija y lo despide con amenazadoras palabras; Apolo, indignado, suscita una terrible peste en el campamento; Aquiles reúne a los guerreros en el ágora por inspiración de la diosa Hera, y, habiendo dicho al adivino Calcante que hablara sin miedo, aunque tuviera que referirse a Agamenón, se sabe por fin que el comportamiento de Agamenón con el sacerdote Crises ha sido la causa del enojo del dios. Esta declaración irrita al rey, que pide que, si ha de devolver la esclava, se le prepare otra recompensa; y Aquiles le responde que ya se la darán cuando tomen Troya. Así, de un modo tan natural, se origina la discordia entre el caudillo supremo del ejército y el héroe más valiente. La riña llega a tal punto que Aquiles desenvaina la espada y habría matado a Agamenón si no se lo hubiese impedido la diosa Atenea; entonces Aquiles insulta a Agamenón, éste se irrita y amenaza a Aquiles con quitarle la esclava Briseida, a pesar de la prudente amonestación que le dirige Néstor; se disuelve el ágora y Agamenón envía a dos heraldos a la tienda de Aquiles que se llevan a Briseide; Ulises y otros griegos se embarcan con Criseida y la devuelven a su padre; y, mientras tanto, Aquiles pide a su madre Tetis que suba al Olimpo a impetre de Zeus que conceda la victoria a los troyanos para que Agamenón comprenda la falta que ha cometido; Tetis cumple el deseo de su hijo, Zeus accede, y este hecho produce una violenta disputa entre Zeus y Hera, a quienes apacigua su hijo Hefesto; la concordia vuelve a reinar en el Olimpo y los dioses celebran un festín espléndido hasta la puesta del sol, en que se recogen en sus palacios.

 

1 Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus— desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.

 

8 ¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan? El hijo de Leto y de Zeus. Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna peste, y los hombres perecían por el ultraje que el Atrida infiriera al sacerdote Crises. Éste, deseando redimir a su hija, se había presentado en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba:

 

17 —¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a la patria! Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que hiere de lejos.

 

22 Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras voces:

 

26 —No dé yo contigo, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque ahora demores tu partida, ya porque vuelvas luego, pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios. A aquélla no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su patria, trabajando en el telar y aderezando mi lecho. Pero vete; no me irrites, para que puedas irte más sano y salvo.

 

33 Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato. Fuese en silencio por la orilla del estruendoso mar; y, mientras se alejaba, dirigía muchos ruegos al soberano Apolo, a quien parió Leto, la de hermosa cabellera:

 

37 —¡Óyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la divina Cila, a imperas en Ténedos poderosamente! ¡Oh Esminteo! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas!

 

43 Así dijo rogando. Oyóle Febo Apolo e, irritado en su corazón, descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros; las saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba parecido a la noche. Sentóse lejos de las naves, tiró una flecha y el arco de plata dio un terrible chasquido. Al principio el dios disparaba contra los mulos y los ágiles perros; mas luego dirigió sus amargas saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres.

 

53 Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En el décimo, Aquiles convocó al pueblo al ágora: se lo puso en el corazón Hera, la diosa de los níveos brazos, que se interesaba por los dánaos, a quienes veía morir. Acudieron éstos y, una vez reunidos, Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo:

 

59 —¡Atrida! Creo que tendremos que volver atrás, yendo otra vez errantes, si escapamos de la muerte; pues, si no, la guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a un adivino, sacerdote o intérprete de sueños —pues también el sueño procede de Zeus—, para que nos diga por qué se irritó tanto Febo Apolo: si está quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de cabras escogidas, querrá libramos de la peste.

 

68 Cuando así hubo hablado, se sentó. Levantóse entre ellos Calcante Testórida, el mejor de los augures —conocía lo presente, lo futuro y lo pasado, y había guiado las naves aqueas hasta Ilio por medio del arte adivinatoria que le diera Febo Apolo—, y benévolo los arengó diciendo:

 

74 —¡Oh Aquiles, caro a Zeus! Mándasme explicar la cólera de Apolo, del dios que hiere de lejos. Pues bien, hablaré; pero antes declara y jura que estás pronto a defenderme de palabra y de obra, pues temo irritar a un varón que goza de gran poder entre los argivos todos y es obedecido por los aqueos. Un rey es más poderoso que el inferior contra quien se enoja; y, si bien en el mismo día refrena su ira, guarda luego rencor hasta que logra ejecutarlo en el pecho de aquél. Dime, pues, si me salvarás.

 

84 Y contestándole, Aquiles, el de los pies ligeros, le dijo:

 

85 —Manifiesta, deponiendo todo temor, el vaticinio que sabes; pues ¡por Apolo, caro a Zeus; a quien tú, Calcante, invocas siempre que revelas oráculos a los dánaos!, ninguno de ellos pondrá en ti sus pesadas manos, cerca de las cóncavas naves, mientras yo viva y vea la luz acá en la tierra, aunque hablares de Agamenón, que al presente se jacta de ser en mucho el más poderoso de todos los aqueos.

 

 

 

 

Para descargar el libro completo:

 

 http://www.ecdotica.com/biblioteca/Homero%20-%20La%20Il%C3%ADada.pdf

 

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