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lunes, 3 de noviembre de 2014

Datos biográficos de Horace Walpole

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Horace Walpole

 

 

 

Horatio Walpole, IV conde de Orford, conocido comúnmente como Horace Walpole, (24 de septiembre de 1717 – 2 de marzo de 1797), político, escritor e innovador arquitecto británico. Fue primo del marino Horacio Nelson (Lord Nelson). Escribió la célebre novela El castillo de Otranto, y multitud de cartas que ofrecen una imagen muy ilustrativa de la aristocracia de su tiempo, particularmente desde el punto de vista intelectual.

 

Nació en Londres, hijo del Primer Ministro Robert Walpole. Fue educado en los elitistas Eton College y King's College, Cambridge. Tras la universidad, Walpole emprendió un largo viaje por Europa con el poeta Thomas Gray, viaje que al parecer marcó el final de la amistad entre los dos hombres. Durante su estancia en Francia, tuvo algún contacto con Madame du Deffand, pero no hay constancia de una relación sentimental entre ambos. Walpole regresó a Inglaterra en 1741, ingresando en el Parlamento, en representación de Callington, Cornualles. Nunca fue ambicioso en política, pero ocupó su cargo incluso tras el fallecimiento de su padre, en 1745, lo que le granjeó la independencia económica. Al igual que su padre, fue seguidor del rey Jorge II y de la reina Carolina, apoyándolos contra su hijo Frederick, Príncipe de Gales, sobre el cual Horace escribiría muchas páginas maliciosas en sus memorias.

 

La orientación sexual del escritor siempre ha sido objeto de debate. Nunca contrajo matrimonio, aunque tuvo una serie de relaciones al parecer nunca consumadas con diversas mujeres, entre ellas Anne Seymour Damer y Mary Berry, que algunas fuentes califican de lesbiana. Muchos de sus contemporáneos lo describieron como afeminado, hasta el punto de que uno de sus oponentes políticos lo llamó "caballo hermafrodita". Sin embargo, otros biógrafos (como Lewis, Fothergill y Robert Wyndham Ketton-Cremer), han catalogado a Walpole simplemente como asexual.

 

La hoy célebre casa de Walpole, llamada Strawberry Hill, cerca de Twickenham (Londres), es un caprichoso batiburrillo neogótico que inauguró una nueva tendencia arquitectónica.

 

 

 

Fuente: Wikipedia.


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Resumen de ''El castillo de Otranto''

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Resumen de El castillo de Otranto, de Horace Walpole

 

 

 

El castillo de Otranto (The Castle of Otranto, en inglés) es una novela escrita por Horace Walpole en 1764. Es considerado el texto inaugural de la literatura de terror gótico, iniciando un género literario que llegó a ser extremadamente popular a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

 

El título completo de la primera edición de 1764 es The Castle of Otranto, A Story. Translated by William Marshal, Gent. From the Original Italian of Onuphrio Muralto, Canon of the Church of St. Nicholas at Otranto. En esta primera edición la novela se presentaba como una traducción basada en un texto impreso en Nápoles en 1529 y recientemente redescubierto en la biblioteca de una antigua familia inglesa, el cual derivaba de una historia aún más antigua, datada en la época de las Cruzadas. A partir de la segunda edición se reconoce a Walpole como autor del lenguaje

 

La historia está ambientada en Italia durante la Alta Edad Media (que la novela inaugural del género de «terror gótico» no transcurra durante la época gótica parece sugerir que quizá «gótico» no sea el término más adecuado para referirse al terror romántico).

 

Situar la trama en la Italia medieval y citar una fuente ajena al autor, realmente ficticia, para avalar la veracidad del relato parecen ser puntos recurrentes en los textos del Walpole. Así lo hace también en piezas como el relato corto Maddalena or The Fate of the Florentines. No se presta atención por los detalles, todo es acción, envuelta en el misterio. Esta novela será recuperada por el surrealismo.

 

Esto sucede en el castillo, cuyo dueño se cree que fue asesinado en las cruzadas, y usurpó su lugar Manfred, pero el Castillo tiene una maldición. El hijo de Manfred se casa con una chica, pero luego muere y a partir de ahí, la trama se va complicando. En contraposición con la novela histórica que luego se popularizaría a través de autores como Walter Scott, los sucesos no sirven como excusa para exponer un periodo histórico sino que es éste el que se subyuga a los acontecimientos creando una atmósfera adecuada.

 

 

Personajes principales:

 

Teodoro, joven campesino, de carácter valiente e impetuoso, el verdadero sucesor del castillo.

Jerónimo, fraile que habitaba en el monasterio del castillo. Consejero espiritual de Manfredo y padre de Teodoro.

Manfredo, Príncipe de Otranto y señor del castillo.

Matilda, hija de Manfredo, hermosa doncella de dieciocho años.

Conrado, hijo primogénito y predilecto de Manfred.

Hippolita, esposa de Manfredo y madre de Matilda y Conrado, una mujer amable y servicial.

Isabella, hija del Marqués de Vicenza, prometida de Conrado en un matrimonio arreglado por sus padres.

 

 

Fuente: Wikipedia.


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''El castillo de Otranto'', Horace Walpole. Novela de suspenso

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

El Castillo de Otranto

Horace Walpole

 

 

 

 

Capítulo 1

 

 

 

Manfredo, príncipe de Otranto, tenía un hijo y una hija: ésta, una bellísima doncella de dieciocho años, se llamaba Matilda. Conrado, el hijo, tres años menor, era un joven feo, enfermizo y de disposición nada prometedora. Aun así gozaba del favor de su padre, que nunca dio muestras de afecto hacia Matilda. Manfredo había concertado un matrimonio para su vástago con la hija del marqués de Vicenza, Isabella, la cual ya había sido puesta por sus custodios en manos de Manfredo, a fin de que pudieran celebrarse los esponsales en cuanto el estado de salud de Conrado lo permitiera. La impaciencia de Manfredo por esta ceremonia la advirtieron su familia y sus vecinos. La familia, conociendo bien el carácter severo de su príncipe, no se atrevió a exteriorizar sus reservas ante su precipitación. Hippolita, la esposa, una dama afable, alguna vez se había aventurado a comentar el peligro de casar a su único hijo tan pronto, considerando su corta edad y su pésima salud; pero nunca recibió más respuesta que reflexiones acerca de su propia esterilidad, pues había dado a su esposo un solo heredero. Los arrendatarios y súbditos eran menos cautos en sus palabras: atribuían aquella boda precipitada al temor del príncipe de ver cumplida una antigua profecía según la cual "el castillo y el señorío de Otranto dejarían de pertenecer a la actual familia cuando su auténtico dueño creciera tanto que no pudiera habitarlo". Era difícil atribuir algún sentido a la profecía, y aún resultaba menos fácil concebir que tuviese algo que ver con el matrimonio en cuestión. Pero tales misterios, o contradicciones, en ningún caso disuaden al vulgo de su opinión.

 

Los esponsales se fijaron para el día del cumpleaños del joven Conrado. La concurrencia se reunió en la capilla del castillo y todo estaba listo para comenzar el oficio divino, cuando se advirtió la ausencia de Conrado. Manfredo, impaciente ante el mínimo retraso y no habiendo observado que su hijo se retirase, envió a uno de sus criados para que llamara al joven príncipe. El sirviente, sin tiempo siquiera para haber cruzado el patio que le separaba de los aposentos de Conrado, regresó corriendo, sin aliento, frenético, con los ojos desorbitados y echando espuma por la boca. No decía nada, pero señalaba el patio. Los presentes quedaron abrumados por el terror y la extrañeza. La princesa Hippolita, ignorante de lo que sucedía, pero ansiosa por su hijo, se desmayó. Manfredo, menos aprensivo que furioso por el retraso de la boda y por la estupidez de su doméstico, preguntó imperiosamente qué ocurría. El criado no respondió, pero continuó señalando hacia el patio.

 

Finalmente, después de que se le dirigieran repetidas preguntas, exclamó:

 

—¡Oh, el yelmo! ¡El yelmo!

 

Mientras tanto, algunos concurrentes habían corrido al patio, desde donde se oía un confuso griterío que revelaba horror y sorpresa. Manfredo, que empezaba a alarmarse al no ver a su hijo, acudió en persona a informarse de la causa de tan extraño revuelo. Matilda no se ausentó, esforzándose en ayudar a su madre, e Isabella se quedó con el mismo propósito, y también para evitar mostrar impaciencia por el contrayente, hacia el cual, en verdad, sentía escaso afecto.

 

Lo primero que saltó a la vista de Manfredo fue un grupo de sirvientes tratando de levantar algo que le pareció un montón de plumas negras. Miró sin dar crédito a sus ojos.

 

—¿Qué estáis haciendo? —exclamó Manfredo airadamente—. ¿Dónde está mi hijo?

—¡Oh, señor! —replicó un torrente de voces—. ¡El príncipe! ¡El príncipe! ¡El yelmo! ¡El yelmo!

 

Impresionado por estos lamentos y temiendo no sabía qué, avanzó apresuradamente. Mas ¡qué visión para los ojos de un padre! Contempló a su hijo despedazado y casi sepultado bajo un enorme yelmo, cien veces mayor que cualquiera hecho para un ser humano, y ensombrecido por una cantidad proporcional de plumas negras.

 

 

 

Para descargar el libro completo:

 

http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/W/Walpole,%20Horace%20-%20El%20Castillo%20de%20Otranto.pdf


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