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lunes, 3 de marzo de 2014

El "amor" en la filosofía

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

El concepto "amor" en la filosofía

 

 

Escuchamos la palabra amor y pensamos, invariablemente, en una pareja o en el amor romántico; todos parecemos estar familiarizados con este concepto, sin embargo, es más complicado definir el amor como idea o incluso como sentimiento. El amor no ha sido siempre el mismo: las costumbres, la cultura, el tiempo, lo han matizado y han hecho que varíe de rostro. ¿De dónde viene nuestra idea moderna del amor como una pasión trágica? ¿Por qué todas las canciones “románticas” son tremendistas?

 

El problema de las definiciones en filosofía no es que se carezca de ellas, es que nos enfrentamos a la abundancia de las mismas; esto mismo se aplica al concepto de ‘amor’, hay casi tantas definiciones del mismo como filósofos han existido, sin embargo, yo diría que, en este caso, se pueden reducir a dos principales núcleos semánticos: Eros y Ágape. Esto es válido para la filosofía occidental, que se ha nutrido históricamente de dos fuentes culturales básicas, me refiero al pensamiento clásico grecolatino y a la matriz judeocristiana. Los griegos llegaron al punto en el que las principales discusiones alrededor del amor se centraron en el tema “erótico”, es decir, en los afectos del alma que partían del impulso hacia los cuerpos bellos y llegaban al ámbito de lo divino; así tenemos, por ejemplo, a Platón para quien el amor es el producto de una tensión entre la abundancia y la necesidad, de ahí su plenitud pero también su carencia: el amor es análogo al deseo que busca completar su satisfacción, pero cuya dinámica existencial es terriblemente agotadora por el proceso de búsqueda que supone. Por otro lado, la noción cristiana de ágape refiere más bien al ámbito de la gracia divina, su modelo es la plenitud y perfección del amor de Dios hacia los hombres, amor inmerecido que se otorga sin condiciones a quien incluso lo desprecia, el patetismo propio de esta noción cristiana tiene su precisa iconografía en la crucifixión del hijo de Dios, sangrando por su insensato amor a los hombres. Estas son las dos fuentes que rigen las principales acepciones del amor en Occidente, la noción ascendente de Eros, demasiado humana, estética y extática, y la noción de Ágape, divina, perfecta, compasiva y ética.

 

Ciertamente, entre los mismos griegos no hay un genuino consenso respecto a la naturaleza del “eros”, muestra de ello es la serie de opiniones expresadas por los diversos personajes del Banquete de Platón, texto celebérrimo en la historia filosófica del tema, ahí los personajes discuten si eros refiere a un dios y de ser así cuál es su naturaleza y cuál nuestra capacidad para comprenderlo; se le exalta como divinidad primordial, como energía cósmica que mantiene unidos a los entes, como mero impulso sexual (heterosexual y homosexual) y como demonio que habita en la región intermedia entre humanos y dioses. El mismo Platón parece no llegar a un acuerdo definitivo en lo tocante a las implicaciones existenciales de “lo erótico”, por ejemplo, en el Banquete se concluye con la defensa de la autarquía socrática, incorruptible por el mero apetito carnal, que es capaz de desprenderse de toda afección que pudiera desfigurar la belleza del alma; pero en el Fedro, otro de sus diálogos, defiende más bien la noción maniática del rapto erótico que implica una serie de desfiguros patéticos para el alma: desasosiego, dolor, locura… ¿cuál es la verdadera posición platónica respecto a la naturaleza del amor? Es asunto interpretable. Con todo, como debe ser obvio, la noción platónica del amor sigue en la línea antes dicha, el amor es un deseo que busca su satisfacción y en esa búsqueda imprime sus huellas existenciales dolorosas, de ahí que Platón concluya su “imperfección” intrínseca.

 

Fuente:

 

http://www.revista.unam.mx/vol.9/num11/art92/int92.htm


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Juana y Felipe. El amor en la realeza

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

 

Juana "La loca" y Felipe "El hermoso"

 

 

 

En una consulta entre los españoles acerca de su opinión sobre Dª Juana I de Castilla, es muy probable que una mayoría de los encuestados ignorasen por completo la existencia de dicha reina; parejo desconocimiento habría acerca de D. Felipe I. Mas, si los personajes objeto de la pregunta fuesen Dª Juana “La Loca” o D. Felipe “El Hermoso”, el resultado, con toda seguridad, sería distinto.

 

Ser recordado por el único atributo del, pretendido o real, desorden mental no parece que sea la aspiración de persona alguna. En cambio, a nuestra protagonista la locura que se le atribuye reviste caracteres singulares, situándola, con todo merecimiento, en la galería de “Amores trágicos”. Según la tradición, enloqueció de amor y celos hacia su marido Felipe I “El Hermoso”,  haciendo crisis su pasión con la prematura muerte del mismo. Pero, no adelantemos acontecimientos.

 

Juana,  tercera hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (Reyes Católicos) nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. Tenía gran parecido físico a su abuela paterna, doña Juana Enríquez, por lo que, embromándola, Isabel llamaba a su hija "mi suegra". Sus padres le procuraron una esmerada educación, entre sus preceptores se hallaba Beatriz Galindo. Pronto se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio, los reyes tenían distinto plan para la atractiva Juana. La política exterior de la monarquía (ya española) tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia; en consecuencia,  fue concertada una doble boda que fortalecía los vínculos con el Imperio, vecino occidental y también rival de los franceses. El príncipe Juan, heredero de la Corona, se unía con hija de y María de Borgoña, mientras que Juana, recién cumplidos los 16 años, casaba con el archiduque Felipe, conocido por el sobrenombre de El Hermoso, hijo menor del Emperador.

 

Era hijo del emperador Maximiliano I y María de Borgoña. Su cuna le confirió la herencia de  innumerables títulos nobiliarios: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes. Ha pasado a la Historia con el sobrenombre de “El Hermoso”, aunque muchos críticos opinan que, a la vista de los retratos que del mismo se conservan, el apelativo quizá resulte un tanto exagerado. Era un hombre de cuerpo proporcionado y de agraciado rostro, aficionado a los deportes de su tiempo al ser ágil y poseer fortaleza.

 

La intensa dedicación de la nobleza a la vida galante no es privativa de nuestro tiempo, se le atribuyen abundantes amantes en la corte borgoñona. Al igual que sus homólogos españoles, su padre, por motivos políticos, concertó con los Reyes Católicos un matrimonio doble: Felipe y su hermana Margarita casarían con Juana y Juan.

 

 

 

Los celos

 

El matrimonio se celebró en Lille, el 21 de agosto de 1496. Las crónicas relatan que no pudo empezar con mejores auspicios: la atracción física entre los novios fue muy intensa desde el momento de conocerse, obligando a precipitar el casamiento para permitir a los fogosos cónyuges consumarlo de manera inmediata.

 

Pronto quedó Juana embarazada, el 15 de noviembre de 1498, nació una niña a la que se puso el nombre de Leonor (quien en el futuro sería una de las primeras bazas en la política exterior de su hermano, el emperador Carlos, casará primero con el rey Manuel I de Portugal y tras quedarse viuda, contraerá matrimonio con Francisco I de Francia). Según la opinión más extendida, este embarazo fue el detonante para el cambio de actitud experimentado por Felipe, que vuelve a sus devaneos amorosos con las damas de la Corte.

 

La ausencia de prensa especializada no impidió que la situación se hiciese del dominio público y llegase a conocimiento de la esposa. Para sorpresa de todos, la princesa no reaccionó acorde con el proceder establecido por la sociedad en casos parecidos; en lugar de transigir con la situación —quizá pagando con la misma moneda— exigió fidelidad a su marido. Como, a despecho de la firme actitud de la princesa, el caballero no varió un ápice su comportamiento, Dª Juana, presa de unos celos obsesivos, puso de su parte todo lo posible para retornar a las apasionadas relaciones —tuvieron cinco hijos más en el espacio de siete años— emprendiendo, a la vez, una estrecha vigilancia del infiel compañero, lo que dio lugar a infinidad de situaciones más o menos embarazosas. Como ejemplo de este comportamiento sorprendente se cita dos anécdotas reveladoras:

 

Agredió a una dama de compañía, cortándole el cabello con sus propias manos, por tener sospechas —parece ser que con total fundamento— de ser una de las furtivas amantes de Felipe.

 

El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos, el futuro Emperador. Cuenta la tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio de Gante, porque Juana, a pesar de su avanzado estado de gestación, acudió a una fiesta para vigilar de continuo a su marido, sorprendiéndola allí la rotura de aguas.

 

No debe extrañar que ante tan insólita afectación, los cortesanos empezasen a sospechar del equilibrio anímico de la futura soberana, comenzando a tejerse la leyenda que la acompañaría en la posteridad.

 

Las crónicas señalan una mejora en las relaciones entre ambos cónyuges a partir del nacimiento de Carlos. No falta quien achaca el acercamiento de D. Felipe a su ambición, las circunstancias le colocan en disposición de reinar en España: D. Juan, hermano mayor de la princesa muere en 1497, un año más tarde corre igual suerte la siguiente hermana, Isabel; por último, el hijo de esta, el infante Miguel de Portugal fallece en 1500. Los desgraciados sucesos convierten de forma automática a Juana en heredera de las coronas de Aragón y Castilla. Fruto de la nueva luna de miel es el tercer alumbramiento: en 1501 viene al mundo Isabel, que llegaría a ser reina de Dinamarca tras su matrimonio con Christian II.

 

A principio del año 1502 Juana y Felipe llegaron a Fuenterrabía para ser proclamados príncipes de Asturias, y Gerona, títulos tradicionales de los respectivos herederos de Castilla y Aragón. El 10 de marzo de 1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando, futuro Emperador de Alemania y rey de Hungría y Bohemia.

 

Por el momento, las pretensiones de Felipe no podían ir más allá de lo conseguido, con lo que no considera necesario continuar en la, hasta cierto punto, austera corte de sus suegros. Alegando cierto desgobierno en sus estados partió hacia Flandes: Juana, aún en contra de su voluntad queda en España. La separación recrudece los celos, que se tornan más y más obsesivos; la corte española comienza a hacerse eco de las habladurías procedentes de Flandes acerca de un serio desequilibrio, sus padres, los Reyes Católicos, pretextando su estado físico tras el reciente parto, insisten en mantener a Juana a su lado vigilando su evolución. Pero la voluntad de la princesa es firme, desea acudir al lado de su esposo. Venciendo los serios intentos de su madre por retenerla, acaba embarcando con destino a Flandes. Para su desconsuelo, allí comprueba que sus temores no eran infundados

 

La reina de Castilla, Isabel I, fallece víctima de un cáncer en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504. La nueva situación obliga a la pareja a retornar a España, aunque un nuevo embarazo retrasa la partida; a finales del año 1505 Juana alumbra a María, que casará con el rey Luis de Hungría y Bohemia. Por fin, en la primavera de 1506, tras una breve estancia en Inglaterra, Juana y Felipe arriban a La Coruña.

 

El testamento de la reina Isabel deja como heredera de la Corona de Castilla a su hija Juana, mas una cláusula indica que, en caso de desequilibrio mental, la regencia sería encomendada al padre. D Fernando de Aragón. Esta disposición, es muy probable que prudente, sería la semilla de graves enfrentamientos políticos, que, con toda seguridad, agravaron el estado de Juana.

 

La nueva reina carece de avidez por el poder, estaba enamorada; para ser feliz sólo necesita la fidelidad de su esposo. Diferente es la actitud de Felipe, que ansía convertirse en rey, o de su padre D. Fernando, que ama la potestad, no en vano se ha dicho que fue modelo para “El Príncipe” de Maquiavelo. Ambos se enzarzan en una agria disputa con una referencia común: sus presuntos derechos a ejercer la regencia emanaban de la pretendida incapacidad de Juana. Conociendo a estos personajes, ¿Puede extrañar que los dos propalasen, con razón o sin ella, la locura de la reina?

 

D. Felipe juega las bazas tradicionales en los aspirantes al poder; mediante una táctica de promesas a la nobleza, poco feliz con la política centralizadora de los Reyes Católicos, atrae a su bando a parte importante de sus miembros, obligando a D. Fernando a retirarse a Aragón, quedando como virtual Señor de Castilla. Su breve reinado estará caracterizado por el reparto de privilegios y mercedes a los nobles castellanos y flamencos, alcanzando un papel determinante el señor de Belmonte, don Juan Manuel.

 

 

 

El desenlace

 

La alegría dura poco. A comienzos del mes de septiembre de 1507 don Felipe jugaba un partido de pelota en Burgos. Cuando termina, sudoroso, bebió agua helada; al día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se repuso y el 25 de septiembre de 1507 fallecía. Se propalaron algunas especulaciones sobre la posibilidad de un envenenamiento, que la investigación histórica no ha podido corroborar.

 

El comportamiento de D. Juana tras el fallecimiento de su esposo constituye la mayor fuente de inspiración para todo tipo de leyendas macabras, muchas de ellas inciertas, pero que, con el paso de los años, contribuyeron a consolidar el personaje de “Dª Juana La Loca”.

 

En el momento de recibir la desgraciada noticia no derramó una sola lágrima; pero su rostro adquirió para siempre un rictus de desconsuelo. Su amado Felipe fue enterrado de manera provisoria en Burgos, desde donde debía ser trasladado a la Capilla real de Granada, el lugar indicado por el protocolo. Pero una repentina epidemia aconsejo a la reina trasladarse a la Cartuja de Miraflores (Burgos), donde llevó consigo el féretro. Juana no dejó de acudir un solo día a la cripta; luego de almorzar en el monasterio, pedía a los monjes que abrieran el ataúd para acariciar a su marido. Le aterraba pensar que podrían llevar el cadáver de Felipe a Flandes, y necesitaba constatar a diario de que el cuerpo seguía estando allí.

 

El 20 de diciembre de ese año, en medio del durísimo invierno burgalés, con la reina en avanzado estado de gestación, comienza el traslado del cadáver hasta el panteón real de Granada, en un lúgubre vagar por los campos y ciudades abrazada al ataúd. El tétrico espectáculo de la comitiva, la cara pálida y aterrada de Juana, conmocionaban a la gente en los caminos. La comitiva, encabezado por la viuda, viajaba siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó las noticias de la locura de doña Juana.

 

Tras el sepelio, la infortunada reina cayó en una gran depresión, D. Fernando, ya sin rival, asume la regencia de Castilla. Para mayor control de la situación decide encerrar a Juana en Tordesillas. Corría el mes de enero de 1509. En 1516 murió el rey, dejando el trono en manos de su nieto, e hijo de Juana, Carlos I de España (aquel niño nacido en el retrete del palacio de Gante) quien en el futuro se coronaría Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos V de Alemania.

 

La suerte de Juana no mejoró con el cambio de monarca; su hijo también estaba interesado en que figurase de manera oficial como incapaz, de lo contrario no sería él el Rey, con lo que mantuvo la reclusión de su madre. Allí permaneció el resto de su existencia, vestida siempre de negro y haciendo una vida retirada. Había días en que se la oía llorar llamando desconsolada a su esposo, incluso, algunos sostenían que se la escuchaba dialogar con él como si estuviera presente, todo ello contribuyó a acentuar su problema mental.

 

El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras ¡46 años! de cautiverio atenuado, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá los celos de la desdichada Juana degenerasen en una leve enfermedad mental, pero esta se vio agravada por las disputas de poder, primero entre su marido y padre y luego su hijo. Todos sus allegados prefirieron el aislamiento de Tordesillas en lugar de intentar la recuperación que, en su caso, pudiese haber sido, al menos, ensayado. Descansa para siempre, junto a su amado Felipe, en el panteón de la Catedral de Granada.

 

 

José Andrés Martínez

 

 

 

Fuente:

 

http://www.portalplanetasedna.com.ar/juana_felipe.htm


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Una supernova. Ciencia

Un saludo de su amigo Sören Garza (hombre), desde México.

 

 

SE DESCUBRIÓ QUE...

Una supernova paso a paso

 

 

 

 

LUIS GONZÁLEZ DE ALBA23/02/14 3:10 AM

 

 

 

Si por la noche mira usted el cielo hacia el norte, encontrará dos constelaciones visibles todo el año: la Osa Mayor y la Osa Menor, en ésta, formada por un rectángulo de estrellas débiles y una larga cola, al final de la cola encontramos a Polaris, la estrella que marca el rumbo norte para todo fin práctico, pues queda sobre el norte celeste con precisión suficiente para guiar marinos perdidos. Poco más al sur, también visible todo el año, a veces perdida entre la luminosidad de la Vía Láctea: nuestra galaxia vista de costado, se encuentran cinco estrellas que forman una clara W o una M, según se oriente el observador. Es Casiopea. En la mitología griega es madre de Andrómeda, nombre con el que conocemos la galaxia más cercana a nosotros y de la que existen bellísimas fotografías.

Pues en esa W hay una supernova, Casiopea A, estrella que hizo explosión hace más de 11 mil años, pero sólo fue visible, dada la distancia que debió recorrer su luz, en 1671. Una estrella nueva en el cielo. Hoy sus remanentes son un espectáculo asombroso de luz y color con un telescopio regular. Pero con el telescopio espacial NuSTAR, de la NASA, un equipo internacional de científicos ha podido seguir cada momento de la explosión.

La muerte de una estrella masiva está bien descrita: la fusión de átomos de hidrógeno en helio encienden una masa de gas y polvo en una estrella. La masa de las capas superiores produce la fusión de átomos de hidrógeno, aplastados por el “peso”. La fusión produce energía suficiente para equilibrar las capas superiores y esa masa sigue fusionando hidrógenos.

En algunos miles de millones de años, el hidrógeno se agota, convertido en helio. Hay un colapso de las capas superiores contra el centro de la estrella y una onda de choque que la destruye. Si tiene una masa igual o superior a ocho veces la de nuestro Sol, hay una supernova que siembra el espacio con átomos pesados que no se fusionarían sin la inmensa presión del colapso estelar. Así se crea hierro, carbono, potasio… los materiales de la vida terrestre. El núcleo restante evoluciona hacia una opaca “estrella” de neutrones o, cuando su masa es aún mayor, esa concentración de masa curva el espacio—tiempo en un agujero negro.

A pesar de que el razonamiento para explicar la explosión de una supernova tiene firmes bases matemáticas y hasta intuitivas, era un misterio para los astrofísicos el que las simulaciones en computadora no dieran los resultados previstos.

La novedad, publicada en Nature del pasado 20 de febrero, es que ahora el equipo de astrofísicos ha visto el proceso. “El NuSTAR es el primer telescopio capaz de producir mapas de material radioactivo en los restos de una supernova: en este caso, titanio 44, un átomo inestable”, dice nota del Lawrence Livermore National Laboratory.

El mapa de la explosión de Casiopea A muestra que el titanio, formado en los últimos instantes del gran aplastón contra el núcleo estelar, se concentra en grumos hacia los restos de lo que fue el centro de la estrella. En modelos computarizados, una masa estelar suficiente para una supernova producía una onda de choque contra el núcleo, pero no la respuesta subsiguiente que la destroza y lanza sus restos al espacio porque no tenía en consideración este salpicadero.

“Las estrellas son masas esféricas de gas, así que podrías pensar que terminan sus vidas como una bola explosiva uniforme que se expande hacia fuera con gran poder”, dice Fiona Harrison, del CalTech. “Nuestros resultados muestran cómo el núcleo de la explosión se distorsiona a causa, quizá, de que las regiones internas literalmente se reblandecen antes de estallar”.

El hallazgo del telescopio NuSTAR en Casiopea A es que “salpica” en derredor y así re—energetiza la onda de choque que se detendría sin ese efecto, y así es como la estrella revienta y lanza al espacio sus capas superiores, explica Mike Pivovaroff, coautor del artículo.

La misión NuSTAR, lanzado en junio de 2012, está diseñada, de forma exclusiva, para detectar luz en el rango de los rayos X de más alta energía.

 

 

www.luisgonzalezdealba.com

Twitter: @LuisGonzlezdeA

 

 

Fuente:

 

http://www.milenio.com/firmas/luis_gonzalez_de_alba_sedescubrioque/supernova—paso_18_250954933.html


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